viernes, 14 de noviembre de 2014

El fluir del río

Si los méritos se contasen por las veces que un hombre hace la maleta, quizá el aire cambiase de tono, por desgracia, no es así. Quizá muchos pensarán que son las derrotas las que así se cuentan. Bueno, opiniones para cientos...

Lo que es seguro, que con cada llegada es un nuevo principio. Allanar terreno, labrarlo, sembrarlo. ¿Esta vez dará tiempo a recoger los frutos?

En cada partida se quedan pedazos atrás. Recuerdos grabados a fuego, vivencias que hicieron reír o hicieron llorar, momentos y lugares, que nos acompañarán siempre. Pero también hay que recordar que en el camino hay muchas vueltas, muchos giros, muchas rocas , muchos riscos y que si uno no hubiera avanzado por el sendero, no conocería lo que ahora debe despedir.

Es el fluir del río lo que oxigena el agua, así que sin pestañear, ni dejar de mojarnos los pies, continuemos navegando.

Montes de canela

Hay personas que en sus corazones,
tienen montes de canela.

Hay personas, sin embargo,
que poseen páramos yermos.

Hay almas que no descansan nunca,
buscando el rayo de sol,
que recuerdan de la infancia.

Hay muchachos refugiados
en botellas de vidrio opaco.

Hay muchachas ignorantes,
del dolor del calor humano.

A veces se encuentran caminos,
con rocas, con baches, con bochornosos destinos.
Otras, dulces torrentes
para descender en compañía
con la barca del cariño.

Unos años, se despiertan ruiseñores,
cuyos ojos son el fuego,
al que hasta halcones temen.

Y unos siglos,
esas rocas de granito
soportan viento y marea,
sonriendo al vacío
y guiñando al atardecer.

A veces lobo, a veces hombre,
a veces solo, a veces noble.

Dedicado a los caminos oscuros...

Arriesgar

Arriesgar,
exponerse,
abrir el pecho.

Contestar,
no caerse,
caerse y levantar.

Mirar,
ser consciente,
reflexionar.

Despertar,
aclarar,
no asumir.

Elegir una forma de entender,
de vivir .
Libertad

Hoguera

Abrazado al marco del recuerdo,
encuentro distante el sabor de terciopelo
que ansiado, acaricia mis labios.
Ese anhelo, que busca salida
entre los pobres adoquines de la cuidad temprana,
aúlla en el fuero interno del poeta,
que delirante lucha contra la hoguera,
pero el fuego en su seno crece.

Avanzo la mañana, y así, cada semana intento no mirar al horizonte
pues recuerda demasiado al azul que mi cabeza no olvida.
Y miro al suelo y continúo, y sólo por la noche levanto la cabeza
para abrir la fuente del perdido, y tallar muescas dobles
que sirvan de aprendizaje y que no se borren,
que fluyan al sentir de la cerveza
y callen, esas voces que en forma de latidos golpes me envenenan.

Dicen que cuando sueñas

Dicen que cuando sueñas
la vida se te revela,
en pedazos de bohemia,
con colores inusitados
y broches de esquizofrenia.
Dicen, que hay personas que no despiertan,
que siguen soñando hasta el ocaso de su existencia.
Y esas personas viven dignas,
pues construyen los mundos
que ellas quisieran.
A veces, desesperan,
al contemplar como la vida
se transforma en miseria y tragedia.
Susceptibles de la ruina
que en su entorno reina.
Pero saben y sonríen, que la ruina,
a veces en furia se presenta.
Y saben también,
que después de la furia en tormenta
a veces, la música de la utopía suena.

Esquinas oscuras

Sólo caminando recorremos las esquinas más oscuras de nuestros recuerdos, sólo despacio y sin miedo.
No desciendo dos veces por el camino al infierno, y cuando voy, recojo los pedazos de los nuestros, los guardo y con ellos, construyo jardineras donde plantar pensamientos. Pensamientos que van y que vuelven, pensamientos que germinan en las noches de verano. En pequeños pueblos que celebran con fuego, tradiciones y heridas, nacimientos y ancestros.
Yo recuerdo, si recuerdo, estaba contigo y susurrabas a mis adentros:

Recoge milagros,
que nadie te deje ciego,
sólo tu determinación será tu techo.

Y así navegué por aquel valle y así hoy vago por tus sueños. Caminando despacio y sin despertar a los necios.
El mundo se duerme y a mi me duele el pecho, de tanto gritar tu nombre, de tanto quererlo.

Surcar, aún sin viento

Atreverse a coger la vida como viene y saltar al vacío sin más, sin esperar. Aguantar chaparrón y tormenta, aguantar y lamerse las heridas. Ser capaz de amar y no por ello querer atar los pensamientos. Querer y querer como se merece, sin preguntar a los miedos qué opinan, sin huir de ellos.

Abrazarse a lo nuevo, aferrarse fuerte y volar con ello, sin olvidar aquello que te hacía sonreír, aquello que te quitaba el aliento. Buscar en la mañana, en la tarde y en noches de invierno. Buscar el silencio, gritar cuando debas, y llorar por derecho. Porque algo nos duele, porque estás vivo, porque siempre reír es patético.
Mojarte al alba los pies, en el pantano y llamar a la luna y a sus destellos. Que despidan la juerga que entre guitarras fue creciendo. Ser lobo y hombre, ser fuego y hielo, ser poeta y soñador y ser guerrero.

Morir por los tuyos y vivir con ellos, vivir para ti y para alcanzar tus sueños. Compartir la distancia, los momentos, la alegría, los golpes, los lamentos, compartir el calor y el frío, el hambre y el dinero. Hacer familia creciendo, familias de sangre y de sentimientos. Beber las lágrimas de quien llora en nuestro seno. Acariciar cabellos, agarrar nalgas y dar mordiscos sinceros. Ser dulce y ser veneno. Valiente a veces, a veces loco y a veces cuerdo.