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viernes, 14 de noviembre de 2014

Calma antes de la tormenta

En un mundo donde no pasaba nada. Donde los derechos eran pisoteados a diario y todo el mundo callaba. Allá, donde los siervos defendían a sus amos, y eran esclavos sin saberlo. Allá, donde lo único que se escuchaba era el silencio y los señores dormían tranquilos, pues no tenían de qué estar inquietos..., a veces se producían conatos de rabia. Esas manifestaciones de dignidad, en donde se puede apreciar el tormento que sufre la gente. Son esporádicas, sí, pero son puras y vivas.
Quizá y sólo quizá señores del mundo, la tranquilidad con la que hoy pueden dormir, sólo sea la calma que precede a la tormenta...

Impávidos altaneros

Las balas perdidas en los torrentes del azar surcan los golpes,
viran y se tambalean ante las adversidades, pero continúan cabalgando.
El escenario, escarnio anclado a suelo de goma o quizá en latitudes mediterráneas, a cemento armado, es a la vez espectador del baile, baile de sensaciones a veces frustradas.

Los impávidos altaneros se engalanan con sus mejores trajes, intentando demostrar su condición de piojo resucitado. ¡Cuán grande es el coraje de la ignorancia! El tuerto, rey de los ciegos, siempre mira cíclope por encima del hombro, por encima del hombre que tiene a su lado. ¿Inocentes de las barbaridades sufridas? Carcajadas en mis entrañas me produce la frase. Malsonante viaje me trajo a estas costas, donde el pisoteado, pisa aún con más fuerza a su hermano. ¡Adelante! ¡Adelante! Continúen desmembrándose entre ustedes, mientras desde arriba les escupen blasfemias disfrazadas de olor suave.

El fluir del río

Si los méritos se contasen por las veces que un hombre hace la maleta, quizá el aire cambiase de tono, por desgracia, no es así. Quizá muchos pensarán que son las derrotas las que así se cuentan. Bueno, opiniones para cientos...

Lo que es seguro, que con cada llegada es un nuevo principio. Allanar terreno, labrarlo, sembrarlo. ¿Esta vez dará tiempo a recoger los frutos?

En cada partida se quedan pedazos atrás. Recuerdos grabados a fuego, vivencias que hicieron reír o hicieron llorar, momentos y lugares, que nos acompañarán siempre. Pero también hay que recordar que en el camino hay muchas vueltas, muchos giros, muchas rocas , muchos riscos y que si uno no hubiera avanzado por el sendero, no conocería lo que ahora debe despedir.

Es el fluir del río lo que oxigena el agua, así que sin pestañear, ni dejar de mojarnos los pies, continuemos navegando.

domingo, 14 de septiembre de 2014

La pasión del salto

Harto, harto de tanta filosofía, de tanto estudio concienzudo sobre cómo actuar. Cientos de artículos y decenas de libros. Análisis críticos sobre circunstancias que atenazan al mundo, a la actividad laboral, al modelo productivo, a las relaciones entre las personas, o al desarrollo de la sociedad en su medio. Pesados debates, milenarias asambleas, panfletos, carteles, discursos, líderes, palabras…

En definitiva, nos hemos empeñado con un fundamentalismo fuera de lo racional, en que la revolución se trata de tratados, fórmulas magistrales, o directrices sacadas de laboratorios universitarios. Nos hemos olvidado de una cosa fundamental, el sistema es de por sí cuadriculado. Los chamanes del capitalismo poseen un aparato de producción intelectual totalmente meticuloso, científico, analítico, y ensayado durante años. Y seguimos pasando por sus puentes, intentando estructurar técnicamente la respuesta.

Compañeras y compañeros, con sus armas no podemos competir. El pensamiento, la ciencia, el conocimiento, la técnica, están al servicio del poder puesto que el poder cuenta con información privilegiada. No somos más listos que todo un ejército bien preparado escrutando los porqués, paraqués, haciadóndes. ¿Por qué seguimos chocándonos contra el muro en lugar de vadearlo?

¿Sabéis de lo que realmente adolece el poder? El poder adolece de sentimientos, no tiene amigos, no ama, no sufre. El poder piensa, pero no siente.

Si las personas que quieren cambiar el mundo, utilizasen menos la cabeza y más el corazón, estaríamos muy cerca del cambio, la utopía se rozaría con la mano.

Creer que es posible, lo hará posible. Millones de personas en todo el planeta creen en un dios diferente, y para esas personas existe. Los niños creen en las hadas, y para ellos las hadas existen. El pueblo cree en sus amos y los amos del pueblo existen. El pueblo no cree en si mismo, y el pueblo no existe.

Tenemos miedo, somos incapaces de lanzarnos al vacío. Impotentes ante la belleza que la vida nos depara. Temerosos de abrazar, de decir te amo, de llorar, de expresar, de bailar, de gritar, de reír. Necesitamos más poesía, más música, más danza, más teatro, más pintura, más cines, más comedia, más magia. No es casualidad que el arte esté siendo vilipendiado cada día más. Nos hace más humanos y eso no genera beneficios. Ante un fuego en los ojos, una bestia se postra a los pies. Una chispa que ilumina capaz de cien máquinas destruir.  


Miles de personas creyendo en el que tienen al lado. Miles de personas creyendo en el cambio. Miles de personas deseando romper los muros. Un sueño alcanzado. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Retrato de los miserables

Cuanto a ustedes corresponde, lo mejor es callarse. Entre las porquerías anda la cosa. Sus blasfemias, esas que visten como ropas de gala, desprenden un hedor insoportable. Así que se maquillan día tras día con sus éxitos cotidianos, o más bien, con la mutilación constante de quien se encuentra a su lado. Sí es su mujer, o marido, o compañero alguno, le aniquilarán lentamente hasta que a su lado se encuentre un maniquí absorto, en coma, pensando qué hizo mal en su vida para tan dura tortura. Si son sus hijos, cargarán todas sus frustraciones sobre ellos, exigiéndoles lo que nunca a ellos se exigieron. Si son compañeros de trabajo, con cada triunfo suyo, deberán jactarse, si es del vecino, deberán menospreciarlo. Querrán llegar a ser como sus jefes, para tratar a las personas a su cargo, peor todavía de lo que a ellos les trataron. ¿Saben ustedes lo que es trepar? Pues es deporte nacional entre la calaña. Esperan poder vengarse, pagando con quien no tuvo la culpa, de las tropelías sufridas. Pero sin embargo, si en el momento alguien se ofrece a combatirlas, serán denunciados y criticados por los funestos.

Su vil estampa, tornará día a día más negra, convirtiéndose en la vejez más absoluta y escalofriante. Esa que impide las ganas de vivir. Jamás, y digo jamás, pues lo creo, disfrutarán de las cosas que les lleguen. Sin embargo, envidiarán a todo aquel que en sus proximidades lo haga. Inventarán si acaso historias, para desprestigiar a las personas felices, pues no comprenden que puedan serlo. Serán capaces de vivir la vida de los demás, metiéndose en cada uno de los rincones más privados, con tal de no tener que vivir la suya propia. Eso, en mi pueblo, se llama vacío.

Sigamos pues describiendo a los individuos objeto de estudio. Nunca serán capaces de mostrar primero su opinión ante ningún debate, siempre esperaran a la voz cantante, para arrimarse a su sombra, pues no vaya a ser, que la tempestad les toque. Pálidos, grises, hasta en sus ropas, hasta en sus sueños. ¿Sueños? Pesadillas, o quizá ni eso, pues deberían emocionarse con algo. Suelen renegar de emociones, de las fuertes aún más. Contemplan el sexo como algo sucio, criticando cualquier práctica de cara a la galería y cometiendo,  las peores barbaridades de puertas a dentro. 

El pesimismo es reinante entre las huestes de los lúgubres de espíritu. Jamás podrán ver el lado positivo, sobre todo si están hablando de las circunstancias de otra persona. Todo serán miedos, malas palabras. Todo será turbio y escabroso. No podrán fiarse nunca de nadie y por lo tanto, no podrán amar.
¿Amor? Esa palabra es muy grande, para todos, sí, pero para ellos es inmensa. Para poder amar, hay que conocer la empatía, comprender, solidarizarse, admirar, compartir, todo ello, acciones impensables en el mundo de los grises.

Para despedirme, quiero dedicarle unas palabras al ejército desmoralizador que campa a sus anchas, en las lindes del mundo. Señoras, señores, vivan, respiren, sientan, sueñen, amen. Dejen detrás las envidias y los miedos y cojan de la mano a sus vecinos, acaricien, besen, griten, y manifiéstense. No estén, ¡molesten! Destaquen por algo, que no sea el cotilleo, que no sea la conjura. Hablen alto y claro, no murmurando improperios. Miren al frente y sonrían. Entreguen el pecho abierto para que les lleguen las cosas sin impedimentos. Compartan! Vistan de colores y sean escandalosos. Opinen. ¡¡¡Vivan, vivan, vivan!!!


Dedicado a todos aquellos que sufren a la masa abominable que embadurna todo.  

martes, 16 de julio de 2013

Conversaciones desde el Altermundo.

Añico –         Calamidad, dime, ¿qué pretendes conseguir dejando de respirar? ¿No te das cuenta que el aire es la esencia misma de la vida? Sin vida Calamidad, no hay nada.

Calamidad -     Estás muy equivocado Añico, pues lo que tú consideras vida, no es sino la muerte lenta. Por eso quiero dejar de respirar. Quiero aprender a mantenerme en este planeta, sin consumir los venenos que la sociedad nos ha dejado. De la misma manera quiero también dejar de alimentarme, de beber, quiero cerrar los ojos y los oídos. Es decir, quiero entender el mundo sin los engaños formados por los dueños de la esfera.

Añico -              ¿Pero no te das cuenta de que morirás?

Calamidad -    No, no moriré. Si prosigo envenenándome moriré lentamente, sin embargo, si cierro todas las puertas de mi cuerpo y de mi alma a toda contaminación posible, volveré a nacer pura. Me transformaré en un ser que ha acabado con toda la vileza que le había alimentado durante años.

Añico -           Los peces, las plantas, cualquier ser vivo, se alimenta, respira y realiza todas las acciones a      las que el mundo físico le obliga a afrontar.

Calamidad –   Sí Añico, pero ellos no pueden elegir. Yo, por el contrario, por la sencilla razón de estar planteándome lo absurdo de este mundo, soy capaz de resurgir como el Fénix de las cenizas. Quiero enfrentarme a la metamorfosis necesaria para llegar a la conquista de mis libertades. Con los pies en el fango, no puedo volar.

Añico -          Como quieras Calamidad siempre fuiste más reflexiva y poseíste mayor determinación que yo. Pero sigo pensando que vas a acabar contigo. Vas a destruir todo lo que eres. Vas a sucumbir.

Calamidad -     Añico, eres un compañero increíble. Eres entrañable hasta los huesos. He de confesarte que creo que llevas razón en casi todas las cosas que acabas de decir. Voy a acabar con lo que ahora soy. Voy a destruir todo en lo que me he convertido. Pero no te confundas, no voy a sucumbir. No seré derrotada.

Añico -       Un abrazo Calamidad. Te deseo todo lo mejor en tu aventura, pues te lo mereces. Me encantaría darme cuenta de que me he equivocado.

Calamidad –    Pronto, aunque no te lo creas. Tú también cerrarás los ojos, cerrarás tu estomago y dejarás de respirar por decisión propia. Muy pronto nos reconoceremos en un mundo nuevo.

                        Te deseo todo el amor que te ha sido negado. 

domingo, 14 de julio de 2013

Diálogos desde la nocturnidad y la alevosía

C

Las hogueras de los rincones oscuros, que salpican el despropósito tragado, vomitando a cada paso su existencia rompedora. Ilumina, en las alcantarillas de la masacre predominante. ¿Y qué es ese fuego? ¿Qué potencialidad tiene? La transformación del ser, en elemento distorsionante. Sin ensayo y error, sin creación e investigación, no hay posibilidad de acierto. Parece que estemos en el basurero más putrefacto y sin embargo, en cada espacio tomado,  se abren miles de posibilidades y siempre ligadas a la construcción del arte. ¡Qué casualidad que en estos tiempos de hundimiento surjan los acontecimientos más derrochadores de imaginación! El arte señoras y señores, hablamos de la respuesta que sale de la convulsión y aporta un camino hacia algo nuevo, hacia la muerte de lo conocido y el alumbramiento de un nuevo amanecer. Son pequeñas muestras, pero no por ello menos importantes. Si en otros campos de la vida, nos encontramos muy atrás en lo referente a poder acabar con lo establecido, en la cultura, el arte y el ocio, a diario se abren nuevas puertas al mundo que parece habrá de aparecer tras las rejas de la esclavitud moderna. No dejo de experimentar nuevas sensaciones antes desconocidas para mí, en cada lugar que visito.

M

¿Y por qué te niegas? Tú sabes cuál es el problema, por lo menos lo vislumbras, antes era diferente, ya lo sé. Tenias dinero, la maquina del consumo te metió en su espiral sin fin, esa droga te enganchó, en cierto modo a todos nos enganchó… pero se puede dejar esa droga, ya conozco quién salió de drogas peores…
He aquí el mayor problema para el arte y la creación, la droga del consumo y el opio mediático nos enganchó demasiado y ahora es muy difícil dejar a pelo ese enganchón contra-creación. El opio mediático nos dejo en la tranquilidad social y cultural y la metadona del crédito-consumo, nos quitaba el mono de algo nuevo, de ser humanos con lo que ello conlleva. Ser humano conlleva crear, adaptarse a las nuevas situaciones y a sacar la crítica y la superación, no quedarse anclado. Pero la adormidera sistemática nos mantiene en la cotidianidad, nos mantiene en la rutina productiva alienante. Eso no es crear, el arte es superar, la alienación productiva es el enemigo del arte. La creación es agarrar la vida y llevarla al límite, cueste lo que cueste.

Despertar creando, ¡que magnifico despertar! La sensación de superación, dejamos la alienación a un lado, destruimos y creamos algo nuevo, ¡Ni el Dios todopoderoso de las religiones puede llegar a sentir eso! Por eso te digo, ¿por qué te niegas a destruir? ¿Por qué niegas la vida que nace en la creación? Vive, vive, es lo único que tienes, vive…

C

No confundas mis argumentos, para nada me niego a destruir. Creo imprescindible destruir todo lo existente, para crear una realidad nueva. Pero ahora ya no tengo tan claro qué es lo primero, si el huevo o la gallina. Es decir, no tenemos la capacidad para destruir todo lo impuesto, por lo tanto, quizá la solución sea creación de microespacios rupturistas. Es decir, pequeños universos que funcionen al margen del sistema. Así, como una torre de naipes, cuando quites poco a poco  los cimientos de la máquina capitalista alienante, eso supondrá un golpe increíblemente duro para la estructura.

No confundas, no reniego de la confrontación, a cada pequeño espacio revolucionario, le saldrán enemigos. Los perros del desastre, estarán allí en cada paso que queramos dar. En cada avance, habrá una confrontación, pero no podemos esperar a destruir todo para caminar hacia adelante. Hay que caminar y así ir colapsando la sumisión y la alienación. No podemos esperar a que todo se desmorone, tenemos que tirarlo nosotros y no tenemos fuerza para tirarlo de una vez. Ojo, que quede claro, no hablo de tomar las mismas formas y cambiarlas. ¡No! Hablo de crear otras nuevas.

Por último, creo que en el arte y en la cultura, es donde ahora mismo, podemos hacer más daño. Podemos crear un frente. Ante la estulticia y la ignorancia predominante, nosotros contestamos creando, precisamente para romper la producción que aísla al individuo, esa que le despoja de todo lo humano.

M


Sí, destruir y crear, así estamos por encima, ¿Qué nos importan a nosotros sus cortinas de humo si estamos por encima suyo? El arte está en hacer de la vida una fuerza revolucionaria, ¿para qué queremos derechos sociales cuando podemos crearlos? No necesitamos que nos den sus migajas podridas. No necesitamos su educación, ni necesitamos pedir migajas de su sistema nihilista cuando podemos superarlo creando. No necesitamos un padre que nos guíe, necesitamos más creadores y menos robots. Necesitamos recuperar la vida robada, convertirnos en obras de arte vivientes, luchadores contra la robotización generalizada y experimentar con nuestra vida.

Crearnos, superar el nihilismo generalizado en el que vivimos. Creo que, sin saberlo, tenemos recorrido mucho camino. Tú que lees esto, sabes que lo tienes superado, solo tenemos, tú y  yo, que echarle valor y llevarlo a la acción.

Valor, crítica, destrucción y creación. Esa es la clave de lo que nos proponemos, ¡vivir a muerte! 



(Escrito por Miguel y Carlos)

jueves, 27 de junio de 2013

La Chispa, el arte bomba:

La chispa, esa inercia concentrada en los parajes más escondidos de las grandes urbes, allá, en primera línea de fuego o quizá en pequeños reductos rurales, no claudicantes, retumba en su despertar. Rugiente, el rumor constante de la desazón se manifiesta como expresión del arte, entre tinieblas prohibidas y luces tenues. Siempre, claro está, al calor de la madrugada. Aplaudo y deseo ensalzar cada una de estas explosiones actuales que surgen como contestación inconformista.

Cada vez más espacios, debido a la marginalidad a la que nos vemos sometidos, se producen fuera del ojo dominador, que todo manipula y muta a su antojo. Esas pequeñas hogueras en la oscuridad profunda, esas estridencias en lo plano, son las barricadas de expresión del siglo veintiuno. Para nada hablo de conformarse con hacer “performances” en lugar de quitarle el poder a los Generales del Desastre, pero si cada antorcha quema y a la vez es reprimida, es porque sus brotes, son espinas más agudas de lo que la élite cuadrúpeda puede consentir.

La falta de entusiasmo creado se transforma por lo tanto en agitación intelectual. Efervescencia de ideas, de acción. Mezcla de estilos que pretenden explotar y romper lo impuesto, pero también crear suavidad dónde ampararse. Ese mundo paralelo, que otorga lo mágico. Ese pequeño habitáculo, donde todo artista, se relega para estar cómodo.

Cada sentimiento plasmado, cada reflexión trazada, se hacen cuchillas que rompen y rasgan el aparato de ignorancia o mejor dicho, de fabricación de ignorantes. Pero, si esas muestras se producen en los rincones, en los huecos, dónde peor llega la escoba del sistema, entonces el arte se transforma en acto revolucionario. Si es que alguna vez, dejó de serlo. No es cuestión, ni mucho menos, de afirmar que esa transformación de ideas haya surgido conscientemente como una confrontación, al igual que en los años  veinte, el swing era bailado por muchos, simplemente por alegría y diversión. Lo que sucede es, que en medio de la tiranía y en una contextualización social dada, cada acto de color, se transforma en bomba lapa, que lentamente mina, el analfabetismo ideológico.


Pues bien, he aquí la grandeza de los suburbios creadores, siendo quizá algunos, cloacas de la gran máquina, se convierten en baches en el camino trazado. Así, debo complacerme por cada idea comunicada con una estética determinada, pues a día de hoy, es lo que más tambalea a los uniformes poderosos. Cada sueño en cada línea, una esperanza. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Curar la locura, ¿por qué y para qué?


La locura puede ser un instrumento, una herramienta para llevar más plácidamente los avatares trágicos de la vida. Siempre condenadas, la alteración de los sentidos o la realización de juicios de forma anómala, con respecto al común de los mortales pertenecientes a nuestra sociedad, pueden llegar a ser un alivio para el sujeto que los padece.

¿Por qué es malo estar loco si no hace sufrir al individuo? Es evidente que un trastorno, ya sea mental o físico, que contraiga un daño a la persona que lo padece o a las que se encuentran a su alrededor, es un trastorno nocivo. Pero si por el contrario, una persona que tenga una anormalidad en el funcionamiento, por ejemplo, de la percepción de la realidad, le otorga un placer o algún beneficio, y no es perjudicial para los individuos que le rodean, ¿tenemos derecho a acabar con la locura? 

Reivindico todo tipo de locura o anormalidad en la precepción de la realidad que haga feliz al individuo. Reivindico a las personas que son capaces de abstraerse de su mísera vida y construir un mundo paralelo que les haga feliz. Reivindico la alteración de los sentidos, siempre ésta sea para el beneficio de la persona que la padece.

La locura, puede no ser una tara, sino una manera distinta de entender el mundo y como tal, debe ser respetada y observada. Quizá la sociedad se encontrase menos enferma, si hiciéramos más caso a los locos que la pueblan. Aprender de la locura, puede transformar el mundo haciéndolo más humano o más natural. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Saltas conmigo?


Sigamos volando, sigamos volando, sigamos volando y dejémonos trasladar a otras realidades donde nuestros pies no se engarcen en los relieves de la superficie. Y miremos a lo lejos, dejemos que el sol nos dé en la cara y sigamos, sigamos caminando hasta que lleguemos a ver el final. No tengamos miedo a vivir, con sus penas, con sus heridas, con sus rumores, con enemigos, con violencia. No tengamos miedo a soñar más allá de la mediocridad, porque nos queda eso, una vida de verdad, no un envase de plástico rodeando a nuestra angustia vital. Es muy fácil vivir cabreado, es muy fácil renegar de nuestro mundo y no ser capaz de echar una sonrisa. La luz que refleja en los labios sonrientes, puede y debe darnos en la cara, pero sólo será si la dejamos. Dejemos de ser grises, seamos violetas, morados, rosas, verdes o colorados. Respiremos hondo y sepamos apreciar los aromas tostados, los sabores amargos, y los sonidos estridentes, porque de ellos creceremos. De la suavidad disfrutaremos, de los riscos punzantes, sacaremos migas de pan que nos darán de comer. La normalidad es plana, seamos raros, estrambóticos, seamos curvos y complejos. Seamos diversos en nuestro desarrollo, porque aprenderemos a respetar. Sublimemos lo cotidiano. No renunciemos a arriesgarnos, porque entonces acataremos todas y cada una de las normas impuestas y nos tendrán atados. Atados y maniatados a su esfera.

Yo salto al vacío, aunque debajo no vea nada, porque quedarme quieto me ahoga. ¿Saltas conmigo?

viernes, 15 de junio de 2012

Memoria o guadaña


Y lo único que quiero es quedarme en mi agujero y poder castigar mi hígado, hasta que el día se transforme en noche y la noche en alba de color albero.

Oscuridad perdida que transformó el recuerdo, de aquella mañana prometida, que nunca se vio en mis sueños y que sin embargo, me palpita desde dentro.

Una vez más, la escritura me sacó de mi infierno y me devolvió a ese mundo, que sin haberlo pedido, era el mío y se construía a cada verso.

Las palabras se me amontonaron en la cabeza y me rasgaron la garganta al escupirlas. Esgrimí el bolígrafo cual funambulista, en delgado cable de acero, y transformé mis anhelos, en frases proscritas.

Y así, línea a línea, pliego a pliego, salí de mi encierro y suspiré  por los días que sin vivir, había escrito para ellos. Supliqué que no se me olvidaran. Prometí, que llevaría sus palabras hacia  otros lugares sin rabia.

La Historia será contada, por más que quieran enterrarla. Los hechos, deshechos, tendréis que escucharlos y leerlos hasta que la vergüenza o la muerte, os alcancen con su guadaña. 

sábado, 9 de junio de 2012

Cafetería de la filmoteca, Madrid


Me encuentro en una sala que pretende oler a intelectual, pero allí te sorprende algo muy diferente. Pseudointelectuales o intelectuales de pacotilla. Aquellos que no se mezclan con la sociedad que les rodea. Parece, cómo si vivieran en una burbuja al margen de lo que ocurre en la calle. Creen estar por encima del bien y del mal. Estos pseudointelectuales, no sólo no intervienen en la sociedad a la que pertenecen, esa, que ha pagado con sangre, sudor y lágrimas, sus conocimientos. Además, miran por encima del hombro todo lo que creen inferior a ellos. He ahí, la gran ironía y el momento en el que se delatan como falsos intelectuales, como analfabetos funcionales. Como sofistas crédulos, juzgan sin prestar atención a las causas y sin una autocrítica. Una persona que se dice culta, nunca toma una proposición como verdadera sin contrastarla antes. Por tanto, si ellos, sin cuestionarse a sí mismos y a sus condicionantes, sin entender el por qué ellos han podido ejercer la habilidad intelectual y otras personas no. Si son capaces de autoproclamarse más necesarios que, por ejemplo, un barrendero, o una enfermera, o un músico, pierden para mí, toda credibilidad como trabajadores del conocimiento, sea cual fuere su disciplina.

Señoras y señores. No sois más imprescindibles que nadie, pero digo más, no habéis hecho nada fuera de lo normal. Cuando una persona se rodea de unas circunstancias propicias para ejercer una profesión y la ejerce, no es nada extraño. Nadie se asombraría, porque un hijo de un buen agricultor, se transformará en un excelente agricultor. Tiene mérito, ha mejorado la habilidad  de su padre, pero a nadie le sorprenderá. Pero si un hijo de un médico, descubre una vacuna importante, será recordado. Pues bien, y sin quitarle halagos al médico o al hijo del médico. No ha hecho nada fuera de lo normal, podría no haberse esforzado en su trabajo y no haber conseguido nada, pero como digo, cientos de miles de personas, se esfuerzan día a día en sus trabajos y nadie les da una medalla.  

Pero quiero ir más allá en la crítica. Nos guste o no, la sociedad, y cuando hablo de sociedad, hablo de los curritos/as que la mantienen, han trabajado duramente, para que estos señores/as, en sus universidades, investiguen. Si alguien que, con mucho esfuerzo, no lo dudo, no es capaz de entender, que debe mucho respeto a las personas que con su trabajo han hecho posible su aprendizaje, estamos perdidos. Por lo tanto, a mi modo de entender la vida, cuando una persona trabajadora del conocimiento, se centra demasiado en sus estudios y deja de lado a la sociedad que ha posibilitado su condición, esa persona es un intelectual de pacotilla. Creo que igual que un barrendero trabaja para que las calles estén limpias, un trabajador del conocimiento debe trabajar para mejorar la sociedad, cuando hablo de mejorarla, hablo de hacerla más justa. No aumentar la productividad, no. Eso no es mejorar la sociedad. Mejorar la sociedad es hacerla más equitativa.

Todas las personas de este mundo tienen la obligación de mirar al que hay al lado, e intentar ayudar en lo posible. Por lo menos, ese es mi parecer. Pero alguien que ha conseguido una capacidad, gracias a que una sociedad se la ha facilitado. Esa persona tiene una doble responsabilidad. A un trabajador del conocimiento, no debería de valerle con ser un engranaje más de la producción científico-técnica o cultural, debería también cuestionarse qué produce y si cumple una función para las personas que se encuentran a su alrededor.

sábado, 31 de marzo de 2012

Miseria o sueño.


Estas palabras me surgen a raíz del acoso constante que vivimos la noche anterior a la huelga. Relataré un poco los hechos. Pero sólo un poco, lo que me interesa es sacar de dentro los sentimientos que quedan dos días después de aquello.

Los hechos demuestran el Estado policial en el que vivimos. Salimos el miércoles por la noche, un poco antes de que dieran las 00h, con la intención de pegar unos carteles a favor de la huelga. A los pocos metros de salir de nuestro lugar de reunión, tuvimos un percance con el primer coche policial que identificó a varios de nuestros compañeros. Intentando intimidarles y con un trato poco cordial, la verdad, nada fuera de lo esperable. Hay que reconocer, que hubo un momento en que los acontecimientos nos desbordaron y no supimos reaccionar lo suficientemente bien. La policía consiguió parte de sus objetivos, nos intimidaron un poco. Por ello, tuvimos que volver al lugar de reunión.

Después de un repensamiento de la situación, ya que la ciudad se había convertido en un lugar fantasma donde sólo había coches de policía uniformada y policía secreta.  Nos autoconvencimos de que no estábamos haciendo absolutamente nada que tuviéramos que esconder y por lo tanto, un grupo de nosotros volvió a salir a la calle, con la intención de terminar su cometido y pegar todos los carteles. No sabíamos si podría causarnos una sanción administrativa, lo único que podíamos hacer, era ser absolutamente escrupulosos con dónde pegábamos los carteles. Y así fue.

Volvimos a salir del local donde nos encontrábamos y a los dos metros de la puerta, un coche de la policía nacional  de incógnito (coche de la secreta) comenzó a seguirnos, sin ningún tipo de pudor. Estuvimos alrededor de hora y media o dos horas, pegando carteles. En todo momento tuvimos uno o dos coches de policía, siguiéndonos a nuestro paso, para ver qué pegábamos y dónde, o sí hacíamos algo más.

Ante todo lo que está pasando y después de lo vivido estos últimos tiempos en general y en particular, la noche anterior a la huelga, sólo me queda decir lo siguiente: (palabras mecánicas surgidas directamente de la indignación y la impotencia).

Miseria o sueño.

“Seguimos atrapados en la miseria de la historia que nos ha tocado vivir. El mundo que nos vendieron se hunde y nosotras queremos romper y dar la vuelta, para luego crear y reponer. Somos luchadoras en un mundo desclasado, donde ya, nada tiene identidad. Nos despertamos roncas de gritar en las madrugadas, de reír y llorar, pero nos despertamos. No tenemos miedo a continuar con nuestra práctica cotidiana. A resistir las miradas y los comentarios jocosos, respondemos a los insultos y a las agresiones. No nos resignamos a claudicar al modus vivendi imperante. Queremos transformar lo intocable, queremos renacer de los escombros de esta sociedad podrida. Seguiremos soñando en un mañana, pero no nos conformaremos con pensarlo. Trabajaremos día a día para conseguirlo. No tenemos miedo, no tenemos complejos. No hemos elegido su forma de entender y no queremos compartirla. Estamos seguros de la existencia de otros modos de organización y utilización de los recursos. Queremos experimentar otras maneras de relacionarse, otras formas de crear y aprender. Algunos nos llaman utópicos, otros delincuentes. Desde los medios de comunicación y de formación, únicamente nos ignoran. Pero estamos aquí y pensamos seguir creciendo. La policía nos reprime, una confirmación más de que vamos por buen camino. La partida está dictada y nosotras tenemos muy claro cuáles deben ser nuestros movimientos. Nos veremos por el camino con una sonrisa en la cara y con la cabeza bien alta”.

Quiero dar un abrazo grande, a los compañeros que estuvieron esa noche conmigo y que seguramente, estarán muchas más. También quiero dar un abrazo grande a la persona, que sin saberlo, acompañó mi mente y mi alma haciéndome estar más tranquilo. 

martes, 27 de marzo de 2012

Cala perdida


La fecha se acerca, pero mi realidad es otra.  Antes atado, sufrido, estresado. Hoy vagabundo, trashumante y libre. Quizá hoy más triste, pero quizá no estoy seguro.

Los días pasan como si llenase una garrafa. Ayer rebosaba de conocimientos válidos para el mundo del trabajo. Hoy esa botella se ha derramado, se ha vaciado y ha volcado todo su contenido.  Sin embargo, mi vida hoy se llena de sentimientos, experiencias y por qué no, también de sabiduría. Pero esos aprendizajes no sirven para tener mejor sueldo, no se cuantifican en el mundo de hoy, no cuentan para producir. Es probable de hecho, que esos saberes me impidan encontrar un empleo, una vida parecida a la perdida.

Aquí en una roca, en una cala perdida, en algún lugar del mundo, yo me encuentro. Me encuentro sin saber donde estoy y sin preguntármelo demasiado. A veces me siento más acompañado que antes, a veces me siento más solo que nunca. Mi mirada sigue sumergida en esa tonalidad impertérrita que muestra indiferencia. Todo lo vivo por dentro, poco enseño hacia fuera. Los más agudos amigos, aquellos que te acompañan en las risas y en los turbios, son los únicos capaces de ver, la intensidad que palpita en mi seno. 

sábado, 4 de febrero de 2012

La condena de los luchadores


Hay personas que viven día a día con esperanza. Pero a veces, esas personas ven frustradas sus ansias, sus deseos, sus anhelos. Y no deben confundir la esperanza con testarudez. Hay cosas, que simplemente son imposibles y los soñadores deben, a veces, ser realistas. Por su propio bien. La esperanza es buena, hace llevar la vida con alegría. Es una buena compañera en el camino que recorremos. Pero si se confunde, puede ser la peor enemiga. Uno, no se puede dar cabezazos contra la pared todos los días. Uno, no debe vivir de una fantasía. El mundo es como es, y asumir la realidad es necesario. No podemos pretender llegar a donde no llegamos, ni buscar lo que no existe.

Hay días tristes para los potadores de esperanza. Momentos, en los que eres consciente de tus dificultades, de tus carencias, de la incapacidad de realizar tus sueños. Esos días, los soñadores, se esconden en un rincón oscuro y lloran. Lloran por tener sentimientos. Lloran por no comprender una realidad fea o injusta. O simplemente, una realidad que no se ajusta a las expectativas. Hay días tristes en la vida de los luchadores. Hay días que quieren ser personas normales. Pragmáticos con el mundo que les rodea. La esperanza a veces es una carga.

Cuando esas personas sufren un golpe en sus objetivos. Cuando encuentran la respuesta que no buscaban. Deben no confundir el deseo con la capacidad. No deben confundir la meta, con una vida de miseria. Con una vida proscrita encerrada en un sueño que se transforma en pesadilla. Hay veces que por desgracia, ni las ansias más fuertes rompen los muros de cemento y ladrillo. Esos soñadores, se ven suspendidos en un camino perdido a ninguna parte. En un viaje inesperado sin retorno.

Si no hay solución, no hay esperanza. Pero, la no esperanza, no está en la forma de entender de los libres. De los enfermos del optimismo. Entonces, por lo menos, deberán descansar en su lucha. Deberán postergar sus anhelos. Invernar los deseos y dejarlos aparcados.

La realidad es dura y más dura es cuando no se conoce. Hay que despertar y seguir adelante. La esperanza es una forma de vida, no se puede dejar de creer. Pero hay que saber utilizarla. Aprender a vivir con ella sin sufrir por ello o sin sufrir demasiado.

Si no hay solución, no hay esperanza. El dolor de estas palabras me abruma, pero más me confunden las ganas y las ansias.