jueves, 10 de noviembre de 2016

LA TRAMPA DE TRUMP

Cuando ocurrió la estafa de Goldman Sachs y se desplomaron las bolsas del mundo globalizado generando la crisis económica más grande después del Crak del 29, algunos ya vaticinábamos lo que podía suceder. La polarización de la sociedad y la desafección con las políticas que habían causado el desastre eran cuestión de tiempo. Por desgracia una vez más la Historia nos está dando la razón.

Después de la crisis vinieron las políticas de austeridad y la revolución neoliberal, haciendo recaer todo el peso de las pérdidas sobre las capas populares de la sociedad mientras el consumo de lujo crecía exponencialmente. Grandes masas de gente salieron en diferentes puntos del globo pidiendo más democracia y unas condiciones dignas de vida. Salvando mucho las diferencias de los distintos contextos, el común denominador que sostenía las protestas era una clase media que había sido empobrecida durante la crisis y cuyo futuro no era nada halagüeño.

Estas protestas han desembocado en muchas consecuencias, pero en general en pocos progresos para la vida de la clase obrera. ¿Qué ha ocurrido después? Más neoliberalismo, más crecimiento ilimitado, más patriarcado, más recortes y más empobrecimiento. La rueda del Capitalismo moderno no deja de girar y los perdedores dentro de los países post-industriales (“desarrollados”) buscan alternativas. He aquí cuando surgen los monstruos.

Cuando el Capitalismo entra en crisis, donde antes había cierto grado de bienestar (con muchos matices) ahora existe precarización, pobreza y hundimiento, las personas que lo sufren tienen dos posibles salidas. La primera se basa en una visión simplista del problema que está padeciendo. La clase media agonizante se deja llevar por la propaganda y culpa a clases más desfavorecidas de sus circunstancias. El racismo, la xenofobia y el nacionalismo suelen ser los tintes con los que se disfrazan las opciones políticas de respuesta. La segunda opción es sin duda en la que muchos de nosotros trabajamos. Intentar buscar la raíz de los problemas y mirar hacia arriba cuando llueve y no hacia los lados. Es decir, responsabilizar a las élites económicas de sus desfalcos, a la acumulación de capital y al sistema político-económico que sustenta la trama.

Pues bien, hemos llegado al punto de partida. ¿Por qué surge Trump, el Frente Nacional, el Brexit o toda la Ultra Derecha en Europa del Este? Porque ante el desmoronamiento del sueño del Estado del Bienestar (cara dulce del Capitalismo, sólo posible durante tiempos cortos y en lugares concretos) la población busca respuestas. Si no existe una red popular fuerte que ahonde en la raíz de los problemas y que tenga la estructura suficiente como para contestar la política de las élites. Si no existen organizaciones civiles capaces de empujar a la masa social a la colectividad, el apoyo mutuo y la solidaridad obrera. Si no hay cultura política y la sociedad está alienada, la opción fascista es mucho más sugerente, pues la solución es materialmente más fácil. Es más fácil culpabilizar a los inmigrantes de la cuidad de la falta de trabajo que mantener una lucha constante contra la oligarquía  que especula con la vida.

¿Cuál es la única solución para que no surjan elementos como Trump? ¿Cuál es la única posibilidad de derrotar a la derecha española? Articular a toda la gente disidente que no comulga con el programa político neoliberal y responder de manera coordinada. ¿Qué quiere decir eso en la España de hoy? Unir todas las luchas de los movimientos sociales y de los partidos políticos con marcado carácter popular. Aparcar las diferencias y abandonar los sectarismos. Todo terreno de la vida está en el campo de batalla y los de abajo somos mucho más débiles. Sólo una unión férrea de las personas y organizaciones de a pie dará la opción de contestar contundentemente.

Organízate en tu barrio, en tu ciudad, en tu puesto de trabajo. Organízate con cuantas más personas y organizaciones mejor.


¡El lugar es aquí, el momento es ahora, la persona eres tú!

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